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Archive for the ‘Música’ Category

Todos recordaréis (y si no, para algo estoy) el videoclip que el cantante de Black Eyed Peas, Will.i.am hizo basándose en el discurso que el precandidato demócrata, Barack Obama, pronunció en New Hampshire. Personalmente me parece un trabajo bastante bien hecho. Es una canción que hasta me pone de buen humor, en plan optimista. Lo dicho. La cosa iba más o menos asi:

Esto no es nada nuevo, y en La Esfera del Profano no solemos traer a colación cosas con tanto retraso sin razón alguna. Entonces, ¿a qué viene esto?

Pues bien, hace poco en el Late show de Andreu Buenafuente, aprovechando el tema este de Eurovisión (eso sí que lo sabéis todos, Rodolfo Chikilicuatre y toa la pesca, si no habéis oído hablar de esto buscadlo en youtube), parodiaron el video de Will.i.am. A continuación lo tenéis. Quizá es menos emotivo, pero vale la pena.

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Como hace tiempo que no hago un post donde ponga vídeos del youtube, voy a volver a las andadas. Los seguidores de La Esfera recordarán que más o menos por navidades ofrecí música así medio actual y desconocida (bueno, estaba la banda sonora de Amèlie, pero tampoco es que sea lo que más pega en las discotecas). Sin embargo, hoy voy a mostrar algunos clásicos para realizar una reflexión final:

En primer lugar, For what it’s worth, de Buffalo Springfield, que seguro que os suena.

Tampoco quiero que perdáis la oportunidad de ver a Rod Stewart y The Faces cantando en directo Stay with me (no os perdáis la estética que se gastaba esta gente en su época):

Por último (opino que tres vídeos es la medida justa, ni mas ni menos, tres es el numero que se contara.. y el numero de la cuenta sera tres… no se deberan contar cuatro ni se contaran dos, salvo para seguir despues a… tres… eliminado sera el 5, porque más es mucho y menos es poco), disculpad la calidad de la imagen y que presente el vídeo el que aparece al principio de mundo viejuno, pero creo que Can’t get enough de Bad Company lo merece:

La reflexión final iba a ir sobre los grupos que, sin haber llegado a la cima de la música, sin que seguramente acaben en los libros de historia, sin ser los Rolling, ni Queen, siempre pueden quedar en el trasfondo cultural de un estilo de música… pero en lugar de eso prefiero recordarle a yeclano que tiene mis discos de Esta noche cruzamos el Mississippi desde hace años… ¡y ya va siendo hora que me los devuelva!

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Sé que muchos esperáis mi previsible y sesudo análisis del resultado electoral de anteayer. No quiero fallar a mi público y seguramente cuando se traduzca en algo más concreto (alianzas, dimisiones y pescas) hablaré del tema, ya que tampoco quiero que cada pequeña noticia se convierta en un post si puedo abarcar una mirada más panorámica de todo.

No obstante lo anterior, el principal objeto de análisis del artículo presente no es sino una consecuencia directa de los últimos comicios. Como habréis leído en los periódicos, o visto en la televisión, o consultado en alguna otra web o escuchado por la radio, o recibido por telepatía extraterrestre (meto lo de telepatía extraterrestres por si algún friki busca esas dos palabrás en el google para que esto tenga más oportunidades de salir, es perro, pero el título del post es por lo mismo), la coalición Izquierda Unida, ya sabéis, la unión de los partidos que se encuentran a la izquierda ideológica del PSOE, por lo que sea ha culminado su deriva descendente, su evolución catastrófica y ha acabado sin grupo parlamentario propio (sólo dos diputados), por lo que su coordinador general, Gaspar Llamazares, ha decidido no presentar su candidatura en el próximo congreso del partido (sé que lo sabíais, pero lo cuento esto porque soy consciente de lo cosmopolita que puede llegar a ser el blog, hay gente del extranjero que no sabrá muy bien qué es “Izquierda Unida” sin más).

Al día siguiente de este pésimo resultado, el gabinete de comunicación de la coalición de izquierdas envió un breve “manifiesto” a diversos medios de comunicación (escuché esto anoche en la Cadena Ser, pero supongo que fue remitido otros muchos). El texto viene a decir lo siguiente:

En un día como hoy de resaca electoral, y tras agradecer las llamadas recibidas tanto de contenido profesional y las que incluyen otros igual de reconfortantes, así como aquellas que a buen seguro han acabado perdiéndose en el complicado mundo de las telecomunicaciones, desde este gabinete de comunicación queremos recordar que la vida sigue y como bien pronosticaron Schopenhauer y el oráculo de Delphos, “donde menos se espera salta la liebre”.

Hasta que a no mucho tardar os mandemos una nueva previsión para seguir en la brecha informativa, y dada la cercanía de la semana santa, os remitimos una reflexión en forma de minutos musicales.

Después de ello, en las palabras “minutos musicales” se incluye un enlace a un “video-clip” que añado a continuación.

Pues eso, bravo, la verdad es que pocos se tomarían con este humor una situación así. No es que coincida con sus ideas, pero es que tienen que caer bien cuando van de este palo.

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Siento volver con una cosa tan sin sustancia, pero es domingo por la mañana y tampoco es para ponerse exquisitos, muchachada.

El tema está en que si en las últimas dos o tres semanas habéis visto Buenafuente (o en la última El Intermedio, o Sé lo que hicísteis, seguramente Sabías a lo que venías, y de alguna forma también lo habrán metido como sea en Minuto y Resultado, de hecho están investigando cómo incluirlo en Prison Break) conoceréis la famosilla canción de El Chiki Chiki, o algo así. Interpretada por David Fernández, colaborador de Andreu Buenafuente en su programa, caracterizado como Rodolfo Chikilicuatre, durante un tiempo llegó a estar en el primer puesto de la lista de votaciones de los solistas o grupos que se presentan como candidatos a representar a España en Eurovisión 2008 (en este instante, sin embargo, un viejo aún más friki lo ha desbancado, al menos momentáneamente). La canción, por si no estáis antenizados, no véis La Sexta ni ningún programa de zapping (valga la redundancia) suena más o menos así:

Sin embargo, como en este país somos así de competitivos, parece que los frikis están de enhorabuena. Realmente no creo que ambos “artistas” sean comparables entre sí, de los que hablaré a continuación no están intentando participar en Eurovisión, sino en un concurso de Telecinco rollo reality-con-cantantes-que-se-parece-misteriosamente-a-otros-concursos-del-mismo-estilo (no puedo creer que Telecinco esté emitiendo un programa de ese corte).

Sólo para que vayáis comparando, en resumen, os facilitaré los dos grandes hits del dúo musical al que me estoy refiriendo, Kamelo.Semos (o Camelo Punto Semos, o como se escriba oficialmente), máximos exponentes de la Rumba Pop, por lo visto, a saber:

 Guaperas Total:

y, por supuesto, Jonathan:

Personalmente opino que la gente esta de Kamelo.Semos alcanzan una perfección musical más pulida que Rodolfo Chikilicuatre, pero claro, yo soy un profano en la materia. Decidid vosotros si lo preferís.

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Momentos Musicales de esos

Pues sí, un poco porque llevo algunas semanas sin ponerme a escribir parrafadas de esas mías por falta de tiempo; un poco porque, a cuento de no sé qué, no recuerdo el último artículo que dediqué a la música (y no tanto cine, tanto ajedrez ni religiones alternativas); y un poco en homenaje a Lolo, que es un tipo que también me ha dedicado hace no demasiado un hueco en su fotolog, y que me descubrió particularmente el contenido del presente post, voy a ocupar el mismo con algunos sonidos que me han sorprendido por ser relativamente frescos y bellos, cual litro de mahou (sigo siendo un hacha con las metáforas).

Concretamente el primer corte tampoco es que sea algo novedosísimo, pero sí que hay que tener en cuenta que hace poco que ví por primera vez Amelie, que sin duda su banda sonora aporta gran parte de la magia que contiene la película (sin olvidar la interpretación de Audrey Tautou y el magnífico guión de Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant), y que me llama poderosísimamente la atención que Yann Tiersen inmortalice en un vídeo La Valse des Monstres con pinta de estar recién levantado y con la cama sin hacer.

En cuanto al segundo de estos retazos del youtube, aún me pregunto cómo voy a relacionarlo con el anterior. Podréis comprobar que no tiene nada que ver con él. En cualquier caso es agradable ver que después de Serrat y algún otro cantautor setentero (Raimon, Lluis Llach…) se ha vuelto a hacer música en lengua catalana. A lo mejor no os parece agradable a vosotros, no sé qué opinaréis sobre las cooficiales, pero a mí me mola, vamos. Pues eso, Gossos (“perros”) con Macaco colaborando con ellos en el tema “Corren”.

En fin, aprovecho el final del post para felicitar a todos aquellos que piensen que se lo merecen por todas las fiestas posibles de estos días pasados. Un Cordial Saludo.

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En un afán por escribir algo de vez en cuando sin que pasen ocho meses desde un post a otro, y pensando que aún es pronto para comentar la graduación (hay que hablar con la gente que estuvo presente para rellenar las lagunas mentales), me propongo aquí inaugurar una nueva sección. Se trata de Rankings Sin Fronteras (ya os lo habríais imaginado, supongo), en siglas RSF. Básicamente se trata de hacer listas de cosas siguiendo un criterio personal, pero habiendo minuciosamente estudiado el tema para que este criterio arroje un resultado bastante aceptado por la doctrina y la jurisprudencia.

 Para inaugurar esta sección dedicaremos el primer ranking a un tema que últimamente está en la calle, la sociedad lo reclama, necesitan tener algo a lo que aferrarse. Quieren saber cuáles son, probablemente, las diez mejores bandas de rock de todos los tiempos.

Esto surgió hace relativamente poco tiempo cuando, yendo con un amigo camino cieza en su coche, nos preguntamos si Queen podría ser el mejor grupo de todos. Finalmente se llegó a la conclusión que sin duda estaría entre los primeros. Pero el guante seguía sobre la hierba. No se había ordenado con exactitud, no se había establecido un orden que pudiera seguirse, hacía falta una referencia, era necesario uno de nuestros… Rankings Sin Fronteras.

Sin más dilación:

 Diez (10).- En último lugar en nuestra lista (lo que no es poco, pues debe haber cientos de miles que se han quedado fuera), se sitúan los británicos Iron Maiden, con canciones tan recordadas como Aces High, 2 Minutes To Midnight, The Number Of The Beast, o Fear of The Dark (en el link del nombre del grupo).

Nueve (9).- Siguiendo con nuestro repaso situamos aquí a los míticos californianos Guns N Roses. Nadie puede olvidar éxitos tales como Sweet Child’O Mine, del Appetite for destruction, disco que creo que fue el de su debut (que alguien compruebe este dato).

Ocho (8).- A riesgo de ser acusado de chominista y de falto de rigor en estas cosas, he decidido colar a los zaragozanos Héroes del Silencio, contemporáneos de la movida, pero que fueron capaz de dar un paso más allá llegando a un nivel internacional nunca antes visto en un grupo rockero español. En el link, el videoclip de La Chispa Adecuada.

Siete (7).- Los estadounidenses Nirvana tienen el orgullo de ocupar el séptimo lugar en esta lista. Creo que sobran los comentarios acerca de este grupo que se erigió como abanderados del grunge (pronúnciese ‘grunge’, que queda bien), creadores de uno de los mejores discos que se recuerdan, el Nevermind.

Seis (6).- De vuelta a las islas británicas encontramos a los Dire Straits, de Mark Knopfler. Sin duda uno de los mejores guitarristas que se recuerdan (posiblemente esto dé para otro ranking). En el link, por supuesto, Sultan of Swing.

Cinco (5).- Entramos en la primera mitad de la lista con los también británicos Led Zeppelin, grupo que marcó de forma significativa la década de los setenta. Su canción más conocida, seguramente, sea Stairway To Heaven, aunque tampoco deberíais perderos Rock And Roll, Kashmir, Black Dog, Communication Breakdown… y muchas más.

Cuatro (4).- Acercándonos al podio final debemos encontrar una de las bandas que, sin duda, acabará convirtiéndose en una de la mayores leyendas del mundillo este, si no lo es ya. Hablamos de los irlandeses U2, quienes no necesitan presentación (no es que el resto lo necesite, pero estos desde luego no).

Tres (3).- Queen, grupo origen de la discusión que desembocó en este predecible ranking, ocupa finamente el tercer cajón en esta clasificación historica. Les debemos temas como Bohemian Rhapsody, Radio Ga Ga, o Innuendo.

Dos (2).- La medalla de plata está dirigida en este caso a The Beatles, quienes seguramete no están un cajón más arriba debido principalmente a que no son puramente una “banda de rock”, como el resto. En cualquier caso tampoco habría sido de justicia dejar al cuarteto de liverpool fuera de esta convocatoria.

Uno (1).- Así llegamos al final de la lista, que seguramene habréis leído ya, saltándoos al resto, aunque fuera por curiosidad, la naturaleza humana es así. Personalmente he decidido ofrecer este puesto a los Rolling Stones, que de hecho es la banda de rock de la historia, aunque sea porque han estado ahí durante toda la historia del rock.

 Soy consciente, como hacedor de esta lista, de que he dejado fuera a mucha gente que quizá se mereciera estar. Nombres no faltan sin que sea necesario pensar mucho. Yo mismo hecho de menos a R.E.M., Metallica, Bon Jovi, Aerosmith, Kiss, Whitesnake o incluso a AC/DC (bueno, a AC/DC no tanto). Seguro que vosotros podríais añadir algún nombre más o pensar que el orden aquí propuesto no es el más adecuado. Para quejas y correcciones está el apartado para contestar.

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Viaje a Ítaca

Dedicado a Ana, Inma e Isa, ‘las locas de la puerta’.

Nadie dijo que llegar a Ítaca fuera fácil. Por el camino pueden encontrarse siempre peligros y amenazas que no estaban previstas, como en cualquier viaje, por otra parte. El objetivo que perseguíamos en nuestro periplo no podía ser más sencillo, aparentemente. Un concierto de Chaouen, que acompañaba la presentación de un libro de un amigo suyo, Héctor Castilla (poeta reciente y provisionalmente retirado con unas influencias nerudianas fácilmente localizables), era la excusa que el destino nos proponía para jugar con nosotros, cual Poseidón con Ulises.

Nuesta aventura comenzaba semanas antes de la noche de autos. En la página web del cantautor aparecía la noticia: Carlos Chaouen. Concierto en Murcia, cafetería-librería Ítaca, en la noche del diez de mayo. Entrada libre hasta completar aforo. Esta preciada información fue transmitida velozmente en todas las direcciones posibles, hasta que llegó a mí. El desafío estaba lanzado, recogido y aceptado. Eficazmente la expedición fue planeada hasta en su último detalle. La tripulación, minuciosamente escogida. Nada podría salir mal, la planificación había sido perfecta. O eso creíamos.

Unas horas antes del comienzo de la presentación-guión-concierto. Sabiendo que Ítaca cerraría durante unos momentos (una media hora) para que todo estuviera preparado, mis acompañantes, unas sirenas contra las que ninguna cuerda que nos sujetara a un mástil serviría, me avisaron de que hasta las nueve y media nada sería posible (según los carteles que había podido ver por La Merced empezaría a las diez), así que decidimos encontrarnos en las proximidades de la cafetería poco antes para coordinarnos. A la hora señalada, nos pusimos en camino hacia Mariano Vergara, no sin antes haber sufrido inimaginables e insuperables aventuras con la camarera de menos cuarto como protagonista. La épica podía respirarse en aquella tarde murciana.

No podíamos imaginar que la odisea acababa de empezar. Nada más llegar al umbral de Ítaca, alguien nos cortaba el paso. No podía ser, se veía claramente que el aforo no se había completado (ni en una mínima fracción), aún faltaba media hora para que en teoría empezase aquello. La explicación era simple, pero al mismo tiempo terrible. La información dada a conocer en la página web del cantante no era cierta. Había que comprar una entrada para acceder allí. Tampoco tenía que ser el fin del mundo, habría bastado con comprar una entrada pero, como nos decía el pobre diablo que hacía de cancerbero de ese lugar, hacía “ya dos días que se han agotado, quizá si a mitad del concierto se sale gente podáis entrar” (no voy a hacer ningún comentario sobre la extraña lógica que seguía el personaje este, que debe estar acostumbrado a ver conciertos muy malos o algo así). Decidimos preguntar por el dueño (que es lo que al final se hace en España siempre, llamar al ‘encargao’), pero esaba cenando y no llegaría antes de las diez.

Después de cruzar la calle y tomarnos algo (un quinto, a quién queremos engañar) en ‘la tasca del jesuso’ (ya, bueno, el nombre del bar no pega mucho con el ambiente épico del resto, pero es lo que hay) y diseñar una nueva estrategia, y viendo que el plan B (llamar al primo de la madrina de quien creíamos todavía dueño de la cafetería -sic-) se nos jodió por un error de cálculo, debíamos volver al lugar y enfrentarnos a nuestros fantasmas. El portero de turno seguía haciendo guardia, y el propietario de aquello parecía que no iba a volver nunca. A nuestro alrededor, cientos, qué digo, decenas o menos de damnificados se encontraban en nuestra misma situación. La situación era tensa, prebélica. Justo cuando parecía que un motín podía estallar, el dueño apareció, como obedeciendo a una llamada inaudible del destino. Ahora no haría falta tratar el problema con un portero de bar, perteneciente al gremio más detestado de la Tierra. Corruptos, cerdos endogámicos. Ahora podríamos entendernos con un razonable pequeño empresario español como dios manda.

En realidad no todo iba a ser tan sencillo, y el propietario no iba a dejarnos pasar sin más. Sus razones tenía: él no tenía poder ni conocimiento (según él) de lo que la página oficial de un cantante pudiera decir, además, cuestiones de seguridad relacionadas con el aforo máximo y posibles problemas que se plantearían en un caso de emergencia parecían argumentos con peso suficiente para hacernos volver por donde habíamos venido, derrotados, avergonzados de nuestro fracaso e indignados con el resultado de nuestras peripecias. Pero justo en este punto entraron en escena lo que últimamente se ha venido a llamar en toda murcia el factor de ‘las locas de la puerta’. En menos de veinte minutos, y a tiempo de ver el comienzo del concierto (el técnico de sonido había llegado tarde “por culpa del tráfico”, según él mismo afirmó), pusieron al propietario en una situación tal que no le quedaba sino ceder. En efecto, era evidente que había espacio de sobra para alojar a más de las noventa personas que, se suponía, constituían el aforo máximo. Ello, sumado a que sólo unos ocho pseudo refugiados, desterrados por culpa de la maldita página web, nos habíamos quedado finalmente en una sentada propia de la Transición en la puerta de la cafetería, nos abrió las puertas de la tierra prometida por la que tanto habíamos luchado durante incontables… minutos.

Una vez en el interior hay que valorar bien la calidad del concierto y la presentación. Héctor Castilla hizo lo que él definió como “su último recital por el momento, hasta que el mundo editorial cambie y haya menos mierda”. Como ya he apuntado antes, puede delimitarse su estilo si imaginamos a Neruda usando unas metáforas más bien lorquianas, sureñas (bueno, salvando las distancias, no hay que fliparse tanto, quiero decir que recuerda mucho a ellos, quizá lo peor que podría decirse es que no ha logrado despegarse de sus influencias construyendo un estilo propio -gracias Ana por el comentario este último-). Por su parte, Chaouen (a quien no había visto en mi vida -no era el único-, a pesar de tener varios de sus discos), además de algunas canciones de su último album, que todavía no he escuchado (aunque confío en que Inma, si llega a leer esto, recapacite, deponga su actitud de bloqueo y se atreva a compartirlo con más gente), tocó otras ya clásicas (duele), sublimes (pintando en el cielo), de grato recuerdo (privado) y escalofriantes (vente), entre otras. Fue algo que se nos hizo corto, que nos supo a poco, pero que, de alguna forma, nos reconcilió con el mundillo de los conciertos en cafeterías de pequeño tamaño después de lo que habíamos vivido. También es de destacar la cercanía demostrada por los dos artistas, su capacidad de mezclarse con su propio público mientras no es su turno de actuación (en una ocasión, Héctor Castilla me quitó el sitio mientras yo estaba en la barra pidiéndome una caña), e incluso cuando ya les toca subir al escenario (Carlos Chaouen siempre, y repito, siempre, llevaba en la mano un vaso de algo parecido a whisky con hielo cuando Héctor Castilla lo llamaba para que lo relevara).

Cuando todo hubo acabado, me marché de la escena del crimen, mientras Las locas de la puerta trataban de conseguir un autógrafo de los artistas. Yo, quizá algo menos mitómano y con más prisa (el concierto había empezado y acabado más de una hora más tarde de lo que se esperaba), partí hacia mi siguiente aventura, la noche acababa de empezar.

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