
Mañana, 18 de febrero de 2007 del calendario gregoriano, empieza un nuevo año chino. El año del cerdo (por cierto, en febrero de 1983 también empezó un año del cerdo, pero si alguien nacido en enero de ese año, o en el año anterior, piensa que se ha librado, no sé si prefiere haber venido al mundo en el año del perro, que es el que le correspondería). No sé qué criterios siguió la milenaria civilización para establecer en febrero (no siempre el mismo día, es un calendario lunar) el comienzo de un nuevo año, pero en cualquier caso les aplaudo. Y es que es en esta época del año cuando todo empieza de nuevo. Vuelve todo lo anterior.
Vuelven las clases después de los exámenes, vuelve la champions entre semana, el 11-M, el carnaval, las campañas electorales, los óscars; vuelven Messi, Eto’o, Beckham, Roberto Carlos…
Vuelven los madrugones y el despertador, Carrascosa y la tipa de financiero que no sé cómo se llama, el semáforo de Ronda de Levante; vuelven Peris y Miguelton en dos fines de semana consecutivos, vuelven los fines de semana (completos) ciezanos y los jueves murcianos; vuelven las fiestas de Derecho, las clases de presentación y Bruce Willis, bedel del aulario por la mañana.
Vuelven Acuario y Piscis; vuelve a grabar un disco Queen (saldrá en octubre) y Héroes vuelve a programar conciertos; vuelven a estrenar una película en blanco y negro ambientada en los 40, y vuelve Mónica Bellucci. Vuelve a jugársela España, pero sobre todo Luis Aragonés. Volvemos a escribir en el blog Yeclo y yo, que ya hacía tiempo. Vuelven algunas series que no me gusta ver, pero que a alguna gente que vive conmigo se vé que sí; vuelve también un ‘nuevo’ reality en tele5, algo de gente perdida y jodida en una isla; vuelve el All-Star, y vuelve a jugar un español (en el partido de los rookies, pero vale).
Vuelve al fin la primavera, los escotes, los paraguas, las alergias. Vuelven los almendros en flor, y vuelven las oscuras golondrinas buscando un balcón en el que colgar sus nidos. Vuelven todas estas cosas, y pero en el fondo seguimos todos igual. A veces al pasar el tiempo lo único que notamos es que cada vez nos queda menos, y que hay que comprar calendarios nuevos.
